Últimamente están de moda las manifestaciones sindicales en contra de los despidos en multitud de Empresas. Grandes señores que detrás de grandes pancartas, manifestaciones y escritos dicen defender de la villanía de las “Empresas Multinacionales”, los intereses de los que parecen ser únicos damnificados por la situación actual.

Me da la sensación de que alguno de estos “Gurús de las pancartas”, se olvida de que, según el Directorio Central de Empresas (DIRCE), a 1 de enero del año 2008 había en España 3.414.779 PYMEs (empresas comprendidas entre 0 y 249 asalariados), es decir, el 99,86% de las 3.419.491 empresas que conforman el censo, excluida la agricultura y la pesca. Extraño es que desconozcan que éstas son las que dieron empleo durante mucho tiempo a estos que ahora dicen defender.

Habría que recordarles también que detrás de una empresa, no sólo hay trabajadores, también hay “Empresarios”, palabra que parece va siempre unida a EXTREMA RIQUEZA Y VAGANCIA. Estos, “Los Empresarios”, marcan una gran diferencia con estos otros “Los Gurús de las pancartas”, y no es otra que poner en muchos casos, todo su capital e hipotecarse en un juego de ruleta por una ilusión y en espera de que el azar les sonría en esta aventura.

Luego vienen los listos, entre ellos “Los Gurús”, los que compran acciones cuando la cosa está rodada, los que quieren participaciones desde su puesto de directivo, o los que critican detrás de pancartas la aptitud de los mismos e incitan a los demás a que muerdan la mano del que un día le dio lo que ahora creen que es de su propiedad, el empleo.

Parece de locos decir esto ahora con la que está cayendo, y apoyar a la parte a la que nos señalan como verdugos de nuestras vidas. Y esto lo dicen aquellos que nunca tuvieron los suficientes bemoles para poner su dinero en juego y se agarraron a su sillón de liberado sindical viendo los toros desde la barrera con un sueldo de funcionario. ¡¡¡Manda narices¡¡¡

Y ya que tenemos claro que algunos no tenemos los sufrientes arrestos como para poner nuestro dinero, mucho o poco en juego, tendremos que ser conscientes de la parte que nos toca, y no es otra que defender nuestro empleo.

Hay países en los que el que trabaja mucho y bien es siempre presentado como alguien que debe ser respetado e imitado. En otros, como España, con frecuencia sucede lo contrario: El enriquecimiento rápido y sin esfuerzo, la búsqueda del chollo con un amiguete del amigo del que se cruza con el Ministro en el ascensor, de la cultura del pelotazo… Éstos han hecho que se menosprecie al que realiza un esfuerzo para resolver con profesionalidad y seriedad su trabajo.

Por eso, hemos de vivir y debemos enseñar a vivir la ilusión por el trabajo y ayudar a entusiasmarnos por el trabajo. Y esto tiene que servir para cualquier tipo de trabajo honrado que se realice. Porque nos han contado unos cuentos y lo peor es que algunos se lo han creído. “Los Gurús de la pancarta” nos han dicho que cuanto menos se trabaje mejor. Y a día de hoy, no sé por qué extraña razón, a mí siempre me pasó que cuando no le eché horas a un trabajo salió mal y siempre fue así.

Por esto, me encanta decir a todo el que puedo:

-Que el trabajo es bueno en sí mismo, no sólo como elemento productor de dinero para vivir.

-Que el trabajo bien hecho es una fuente de satisfacción importante.

-Que la persona que se levanta pensando que va a hacer un buen trabajo sale de casa con espíritu optimista.

-Que una persona que vuelve a casa por la noche de trabajar, llega con la sensación de que ese día se ha ganado la cena.

Da igual que nuestro empleo no sea brillante, ni de alto nivel, lo importante es tener la satisfacción del deber cumplido.

Pensad por un momento: ¿Qué pasaría si todo el mundo se empeñase en hacer las cosas bien, en empujar, en arrastrar, en sacar adelante su empresa?, Sí, sí, esa que les da el empleo y que no fundaron precisamente “los Gurús de la pancarta”.

A esto se le puede llamar de muchas formas pero a mí me gusta llamarle EL PRESTIGIO DEL TRABAJADOR.

Jose Antonio Criado Pedrajas