Un personaje admirado, criticado, en fin, sea como sea, Florentino Pérez, perdón!, Don Florentino Pérez, nos hizo olvidar por un momento la crisis.
Este señor, conocido por sus grandes inversiones y emblemáticas negociaciones (algunas cercanas al mito), nos encajó un puñal directo a la aorta.
Sin tener más que su convicción intacta de hacer al equipo de sus amores, nuevamente el número uno del mundo, y reencantar a su afición, fue capaz de traer al “Madríz” a los jugadores más caros de la historia, si, a los dos y de una sola vez.
Un verdadero hachazo a las negociaciones realizadas por sus competidores directos, que apelaban a los resultados para “controlar” el mercado y generar aspiracionalidad por parte de los jugadores del mundo.
La “gimnasia financiera” proyectada por el Sr. Pérez y su equipo de asesores, es recuperar la inversión “y con creces” por los dividendos proyectados por concepto de publicidad y acciones de marketing específicas.
Pero ¿quién vendió en este caso?, ¿el que compra al jugador, o únicamente el que lo cede?
En este caso aparece reflejado casi a la perfección el concepto “cliente”.
Un buen cliente es el que hace de tu producto o servicio algo aspiracional e incrementa su valor en el momento de su adquisición.
No es lo mimo venderle a Don Florentino que venderle a el Señor Laporta (y que me perdone), ¿Por qué?, por el valor que reporta la imagen genera confianza, y la aspiracionalidad que deposita el cliente en el producto, genera la compra…por lo tanto…
CLIENTE + CONFIANZA = VENTA
VENTA + ASPIRACIONALIDAD = RECOMPRA
RECOMPRA + VALORA AÑADIDO = VENTA SOSTENIBLE
Ala madrí

